Por: Mons. Héctor Fabio Henao, Delegado de la Conferencia Episcopal para las Relaciones Iglesia – Estado
Durante este mes de septiembre, Colombia se viste de esperanza para conmemorar la edición número 39 de la Semana por la Paz, un espacio que desde hace décadas nos invita a reflexionar sobre nuestro papel en la construcción de una sociedad más justa, fraterna y reconciliada. Este año, bajo el inspirador lema «La paz nos llama, nos mueve, nos une», la invitación abierta por esta conmemoración cobra una fuerza especial en nuestras comunidades locales, donde la vida cotidiana se convierte en el primer escenario para sembrar una cultura del encuentro, el diálogo y la paz.
El contexto político y social de esta Semana por la Paz está marcado por el ambiente de polarización que vive nuestro país, especialmente como resultado de las recientes elecciones presidenciales. El proceso de la contienda electoral, atravesado por la circulación de discursos que hacían énfasis en la irreconciliabilidad de nuestras diferencias, en muchos casos nos dejó heridas, dolores y tensiones en los ámbitos familiares, comunitarios y sociales. Estas grietas nos invitan a pensar también en aquello que, más allá de nuestras diferencias, nos convoca y nos une en torno a propósitos comunes. Uno de esos horizontes que nos interpela es, precisamente, el deseo de paz.
Por esa razón, el lema de esta Semana por la Paz nos propone un itinerario de fe y acción en tres momentos fundamentales:
Nos llama: Es una voz que interpela la conciencia colectiva de nuestro país. La paz no es solo un acuerdo entre actores políticos, sino un mandato evangélico y humano que exige asumir la corresponsabilidad escuchar el dolor del otro y atender las necesidades de quienes nos rodean.
Nos mueve: En tanto don de Dios y fruto del esfuerzo humano, la paz nos exige salir de la comodidad y el individualismo. En tanto movimiento que transforma nuestras relaciones con los demás y con la casa común, la paz se encarna en gestos concretos de perdón, cuidado, solidaridad, desarme de palabras hirientes y búsqueda de la justicia en la cotidianidad.
Nos une: Por encima de las diferencias políticas, sociales o culturales, la paz es el terreno común donde podemos reconocernos como hermanos y construir un proyecto compartido de país.
En el contexto de nuestras comunidades eclesiales y parroquiales de Santa Fe de Antioquia, esta conmemoración cobra un sentido profundo. La historia de nuestra tierra, su riqueza cultural y el arraigo de nuestra fe nos recuerdan que la verdadera paz se teje en las familias, en las veredas, en las aulas y en las calles. Cada acción de reconciliación, cada mano extendida al necesitado y cada espacio de diálogo sincero fortalecen la urdimbre de una sociedad capaz de encontrarse y trabajar unida por el bien común.
Impulsada por la Conferencia Episcopal de Colombia junto a diversas organizaciones de la sociedad civil, la Semana por la Paz no es un evento pasajero, sino una renovación de nuestro compromiso cristiano. Que durante estos días, nuestras oraciones, celebraciones y obras sean el reflejo de una Iglesia viva que atiende la voz que nos llama, abraza la causa que nos mueve y celebra la fraternidad que nos une.

