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Más Sinodalidad, más Pastoral Social

por Archdiocese of Santa Fe de Antioquia | Ago 31, 2026 | El Sembrador, Pastoral

Por: Pbro. Genaro de J. Moreno Piedrahita. Director del SEDAC (Servicio de Animación Comunitaria)

Mas sinodalidad… Más caminar juntos

Septiembre es en Colombia el mes del “amor y la amistad”, un tiempo para jugar al amigo secreto, un tiempo para renovar las relaciones, un tiempo para invocar a los amigos de Jesús (Marta, María y Lázaro), para aprender de los amigos santos (San Francisco y Santa Clara, Santa Teresita del Niño Jesús y Santa Isabel de la Trinidad, Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres, San Juan Pablo Segundo y Santa Teresa de Calcuta), un tiempo para ser más amigos, para caminar juntos y un tiempo para ser amigos auténticos con la ayuda mutua. Septiembre es entonces un mes para caminar mejor juntos, un mes para pensar en los amigos más necesitados. Es el mes para reforzar la fraternidad o para convertir o mejorar nuestras relaciones en una mejor amistad.

Y una de las conversiones que nos pide el Documento de la Sinodalidad es la “Conversión de las relaciones”, para caminar juntos, para ser una Iglesia más sinodal. Que las celebraciones de este mes nos sirvan para eso: para mejorar nuestras relaciones. En años pasados una acción significativa de este mes fue “hablar bien de los demás”, que es una ayuda para mejorar nuestras relaciones. Solo los buenos amigos son los que caminan tranquilamente juntos, entre mejores amigos se camina mejor.

Y la Santa Sede nos está pidiendo a las Iglesias Particulares que hagamos ahora memoria de ese caminar juntos, sobre todo desde las experiencias vividas a partir de 2021 cuando empezó este proceso de la sinodalidad y en vistas a la Asamblea Sinodal que se tendrá en 2028.

Porque ahora no solo es mirar nuestro caminar juntos, sino sinodalizar toda nuestra vida evangelizadora para ser una Arquidiócesis más misionera. Porque si queremos una Iglesia mas misionera, uno de los caminos es sinodalizar la vida de nuestra Arquidiócesis.

Sabemos que no hay Iglesia sinodal sin estructuras de comunión y de participación que propicien la participación de todo el Pueblo de Dios, como sujeto comunitario, en la evangelización para hacer presente en el mundo el Reino de Dios (EG 176). La sinodalización abarca todo el ser y el actuar de nuestra Arquidiócesis.

El documento de la Sinodalidad pide las conversiones de las relaciones, de los procesos y de los vínculos. En la conversión de las relaciones es urgente superar todo tipo de clericalismo y verticalismo en que casi todo se reduce a la jerarquía. Eso de que el “cura” lo hace todo ya está mandado a recoger, no es eclesial. En la conversión de los procesos es urgente que todo el pueblo de Dios se sienta corresponsable de ser evangelizador, para ser una Iglesia misionera y servidora del mundo, porque el destino del pueblo de Dios es el destino de toda la humanidad.

Tenemos que tenerlo claro que, si no se tocan las estructuras, toda idea o proceso de sinodalidad o sinodalización se queda en el aire. Si queremos una Iglesia más misionera, debemos actualizar nuestras estructuras evangelizadoras. No hay una Iglesia sinodal sin estructuras eclesiales sinodales. Estas estructuras sinodales nos llevan a mirar otras formas de ejercer los ministerios.

Solo por mirar algunas sencillas exigencias:

  • Es importante identificar las estructuras eclesiales que no están configuradas para la misión y discernir qué cambios realizar para que se conviertan en mediaciones que impulsen una Iglesia en salida hacia las periferias.
  • Discernir qué cambios son necesarios en el perfil de los ministros ordenados para que no sean expresión de un cristianismo sacerdotalizado.
  • Discernir qué tipo de formación y de seminario son necesarios para ofrecer a la Iglesia ministros ordenados surgidos del seno del Pueblo de Dios, abiertos al dinamismo de la historia y en sintonía con los desafíos de su tiempo y contexto.

Lo que necesitan hoy nuestras parroquias es más sinodalidad, lo que se necesita en nuestra arquidiócesis de Santa Fe de Antioquia es sinodalizar toda nuestra acción evangelizadora para ser una Iglesia mas misionera.

Más Pastoral Social

El viernes 5 de junio falleció nuestro arzobispo Emerito Mons. Ignacio Gómez Aristizabal, el pastor de lo social en nuestra arquidiócesis. Aquel que con sus mensajes siempre nos invitaba a pensar en la realidad social, a trabajar por las personas mas necesitadas del occidente antioqueño.

Seguro que Mons. Ignacio Gómez tuvo tiempo de saborear lo que nos presenta el Papa León en su Encíclica “Magnifica Humanitas”, en la que el Papa aborda la custodia de la persona humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial.

El Papa León en su Encíclica entiende lo social así:

“la Doctrina social de la Iglesia se muestra en su faceta más auténtica: no es un manual de principios y normas que hay que aplicar, sino un camino de discernimiento comunitario. Nace del encuentro entre la verdad eterna del Evangelio y las preguntas de la historia, se deja interpelar por los signos de los tiempos; se nutre de la contribución de las ciencias, las culturas y las experiencias humanas. Por eso, cuando la dignidad de los hermanos se ve desfigurada, cuando la política no responde a los dramas de la humanidad, cuando la economía se vuelve contra la persona o la ciencia traspasa los límites de su método, la Iglesia —junto con las demás confesiones cristianas y los creyentes de otras religiones— debe hacer oír su voz no para dominar, sino para servir a la comunión. Entendida así, la Doctrina social se convierte en una teología de la comunión en la historia; un lugar en el que la Palabra, hecha carne, sigue convirtiéndose en diálogo, memoria y profecía.” (MH 27).

A Mons. Ignacio seguro le gustó lo que dice el Papa León XIV:

“La Doctrina social de la Iglesia es una realidad viva, en diálogo con la historia, las culturas y las ciencias y, al mismo tiempo, conserva un núcleo de verdad que no declina. Por eso puede ser considerada una forma de sabiduría capaz de orientar todavía hoy la vida personal y social de los creyentes.” (MH 46)

Al leer la Encíclica Magnifica Humanitas que nos invita a cuidarnos del babel tecnológico recuerdo lo que nos enseña el “apóstol de lo social

“La Doctrina social de la Iglesia nos conduce al corazón mismo de nuestra fe: el misterio del Dios viviente, revelado en Jesucristo como comunión de personas; Padre, Hijo y Espíritu Santo: amor en relación, que se da recíprocamente y se comunica al mundo.51 Como recuerda el Concilio, el ser humano está llamado a la comunión con Dios y «no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo» su vocación más profunda es la de entrar en el movimiento trinitario del amor recibido y compartido” (MH 48)

Recuerdo cuando en el tablero del salón de teología, Mons. Ignacio, nos dibujaba la realidad pastoral de la Arquidiócesis…la pastoral litúrgica grandísima, la profética pequeña y la pastoral social casi nada. Y el Papa León nos dice ahora que la doctrina social de la Iglesia es una evaluación, es la conciencia que tenemos como Iglesia

“En conclusión, deseo tocar un punto que me preocupa de manera particular. La Doctrina social no es sólo una palabra dirigida a la sociedad; es también un examen de conciencia para la Iglesia, casa y escuela de comunión, siempre llamada a verificar que los principios expuestos en este capítulo se vivan sobre todo en su interior. El bien común, en el ámbito eclesial, toma el rostro de un estilo sinodal para la misión al servicio del Reino. La Iglesia, en efecto, es «el sujeto comunitario e histórico de la sinodalidad y de la misión». Esto requiere atención al modo de tomar decisiones y de ejercer la responsabilidad. El Documento final del Sínodo identifica, entre las prácticas decisivas para la transformación misionera, la cultura de la transparencia, la rendición de cuentas y la evaluación” (MH 86)

El Periódico “El Occidental” destacaba en sus noticias la experiencia “apoteósica” del Jubileo de los Campesinos, organizado por la pastoral social, que fui vivido por más de 1000 campesinos y en la Iglesia colombiana somos reconocidos y admirados por la experiencia de “La pastoral de la Tierra” que llega a muchas veredas de nuestras parroquias…Pero necesitamos más pastoral social, más formación, más producción limpia. Que no solo es responsabilidad del Arzobispo y del Delegado, sino que tiene que ser de cada sacerdote, de cada cristiano, de cada parroquia…Si queremos ser una Iglesia más misionera, debemos ser una Iglesia más comprometida con la pastoral social.

En la Arquidiócesis evangelizada y evangelizadora de hoy en la que soñamos necesitamos de MAS SINODALIDAD, MÁS PASTORAL SOCIAL.

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