Por: Pbro. Fabián Emilio Ortega Jiménez, Delegado Arzobispal para la vida, justicia y paz. Arquidiócesis de Medellín.
Esta es la invitación que el Papa León XIV nos hace en la 59 jornada mundial de la paz que celebramos el 1 de enero del 2026.
Debemos ir a lo esencial, nuestra vida de humanos y cristianos debe ser guiada por el Espíritu Santo para que vivamos como Jesús y hacer de nuestra realidad personal y comunitaria lo que él vivió y anunció con signos y palabras. Su saludo al resucitar fue ”La paz esté con ustedes” (Jn.20,19), y esto es una invitación dirigida a todos: creyentes y no creyentes, sacerdotes, religiosos, laicos, líderes políticos y ciudadanos a construir el Reino de Dios y trabajar juntos por un futuro humano y Pacífico.
Esta construcción de paz (peace, paix, pax, shaIom, SaIam, friedem, pace: como se pronuncie en los diferentes idiomas y dialectos) es el anhelo de toda una humanidad sensata, que diariamente está evolucionando hacia el ideal de un humanismo más integral, dignificante y dignificador de los derechos humanos.
El mensaje del Papa nos invita a la humanidad a rechazar la lógica de la violencia en todos sus sentidos y la guerra irracional, invita a abrazar una paz auténtica basada en el perdón como opción de vida de una manera incondicional, es decir, como un ejercicio personal de limpieza interior y de catarsis que sirve para volver a encontrar el bienestar, pero también para evitar los excesos y la escalada de violencia a través de la venganza.
Desde nuestro humanismo cristiano el perdón tiene tres momentos:
- El nivel más elemental es “no volver el mal por el mal” es decir, no responder de la misma manera “devolver mal con mal” suele ser la reacción primera o espontánea. El nivel de perdón más elemental entonces, es no desear el mal a otra persona.
- El segundo momento, es “botar el veneno que el mal introduce en mí” sacar el mal que ha introducido en la persona, la acción maligna del otro.
- El tercer momento es “devolver bien por mal” allí el perdón se realiza plenamente. Es recordar lo que nos dice San Pablo “no te dejes vencer por el mal, por el contrario vence el mal haciendo el bien” (Rm 12,21).
Perpetúa siempre este lema “ofrece el perdón, recibe la paz”.
Por su parte, la reconciliación como necesidad de restablecer la relación con el otro, rota a través del mal. El mal rompe la relación con el otro, las personas no pueden vivir sin relaciones con los otros. La reconciliación es un acto humano y cristiano y las personas no se reconcilian por buenas, sino por ausencia de algo esencial, la relación con el otro. El ser humano se bloquea, si no está en relación con otros, por eso la reconciliación es una necesidad humana y cristiana.
Miremos la teología de la reconciliación en San Pablo “Y todo es obra de Dios, que nos reconcilió con él por medio de Cristo y nos encomendó el ministerio de la reconciliación” (2 Cor 5,18), este versículo emplea el lenguaje de la reconciliación para designar la acción divina. La realidad de la nueva criatura que se dio a partir de la muerte de Jesús por todos es fruto de la reconciliación, que obró Dios mismo por medio de él; Dios es definido como el que nos reconcilió consigo por medio de Cristo, Dios es la fuente de la reconciliación y Cristo es el medio por el cual la otorga.
Reconciliar es hacer la paz entre los que estaban en guerra, unir a los que se habían separado. Dios es autor de la reconciliación, y nos dio la diaconía de la reconciliación. El servicio del Evangelio de Cristo entendido en su plenitud constituye esta gracia de la reconciliación. De esta forma la paz debe ser “desarmada y desarmante” y la única forma que Dios nos ha regalado, es con el perdón y la reconciliación, que nos permiten ser creaturas nuevas capaces de resolver las ofensas realizadas en nuestra historia como víctimas o victimarios y nos ayudara a resolver los conflictos, recuperando la confianza mutua, la empatía y la esperanza. No basta con pedir la paz, debemos encarnarla en un estilo de vida que rechace toda forma de violencia ya sea visible o sistemática.
La invitación que tenemos es grande, la paz es posible si decidimos ya mismo, donde nos encontremos a experimentar y creerle al perdón y a la reconciliación como caminos hacia la paz “desarmada y desarmante”
En suma, el trabajo por la paz “desarmada y desarmante” es una noble y esencial labor que requiere una profunda reflexión social y espiritual para comprender su significado y trascendencia. En su sentido más amplio, no se limita simplemente a la ausencia de conflictos armados, sino que abarca un estado de armonía, de equilibrio y bienestar en todos los aspectos de la vida humana y del entorno que nos rodea.
“Si queremos un mundo de paz y de justicia, hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor” (Antoine de Saint-Exupery).
Y finalmente, recordemos que “Cristo es nuestra Paz” (Ef.2,14)

