Por: Hermana Carmen Lucia De San Juan de la Cruz. Carmelita Descalza Monasterio San José «La Mansión», Medellín.

“Virgen del Carmen bella, Madre del Salvador. De tus amantes hijos, oye el cantar de amor. Dios te salve María, del Carmen bella flor, salve esperanza mía, salve raudal de amor». 

Desde la niñez, todos recordamos el mes de julio, por varias razones, entre ellas por los festivos: el veinte, día de La Independencia; el nueve, dedicado a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, patrona de Colombia; y el dieciséis el día de La Virgen del Carmen, sobre quien les quiero compartir una sencilla reflexión para que juntos continuemos sembrando su amor y devoción.

Todos los nombres que han dado, a la Virgen María son bonitos y significativos. Pero a nosotros, la Familia del Carmelo, y a tantas personas del mundo entero, nos gusta llamarle VIRGEN DEL CARMELO; porque su nombre nos sabe a vergel y a rosas, porque está en todos, en la gente del cielo, en la que habita en la tierra y en la que navega en el mar, y en todo momento nos estás salvando con EL ESCAPULARIO, que es señal de amparo y protección en los peligros, y alianza de paz. Entrar al mes de julio, al mes de la Virgen del Carmen, es entrar a la casa de una madre, es escuchar su voz y dejarla habitar y resonar en tu corazón, es unir el cariño de la gente, de los sacerdotes y de la vida religiosa a Nuestra Señora del Carmen, “ LA SEÑORA DEL LUGAR “, que nos transmite la belleza del Evangelio, nos arropa con su manto, nos cuida con su mirada y nos lleva por buen camino.

Para los amantes de LA ESTRELLA DEL MAR, como también se llama a la Virgen Carmelita, existe hoy una convicción muy honda: la proximidad e intimidad con María es siempre fuente de renovación y fecundidad porque Ella guía nuestra barquilla, nuestra vida convirtiéndonos en un taller de esperanza para la humanidad.
No olvidemos que llevar el escapulario es una experiencia de lo que es vivir levantados con la fuerza del perdón para gozar de su amor; es un canto de esperanza para gritar la solidaridad; es un vestirse de la dignidad sencilla y humilde de la Mujer más grande que nos dio al Salvador; es un vivir consagrados imitando a Nuestra Madre Santísima del Carmen.

El Escapulario es signo de alianza, de comunión y nos habla de cosas sencillas pero llenas de expresividad que lo convierten en un patrimonio, en el regalo que nos hace una Mujer que besa cada día nuestra herida y nos acerca de forma entrañable, en su ser, a la ternura de Dios.

Los que recordamos este mes con alegría, somos invitados a no dar cabida al lamento y la negatividad, sino a distinguir los brotes de vida de los que se fían de la promesa de Dios, y llevemos el Escapulario porque quiere Ella siempre caminar con nosotros, ser cercana y ayudarnos con su intercesión y amor.
Orémosle y sintámosla día tras día con la fuerza, el impulso y la belleza del Espíritu y acudamos a su casa para obtener el milagro de la paz

Feliz fiesta de la Madre del Carmelo para todos y no olvidemos que este es el mes privilegiado para el encuentro con la Virgen Carmelita.