Por: Pbro. Diego Alberto Uribe Castrillón.

La cuaresma será siempre un camino de amor. Dios convoca a su pueblo para una experiencia saludable en la que se lo más importante es la misericordia.  Ha llegado este tiempo santo y bendecido, como nos lo dice san Pablo: “…ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación” (2 Corintios 6, 2).  

Avancemos viviendo especialmente esta Santa Cuaresma. Unidos venceremos al tentador como lo hizo Jesús; unidos en la fe haremos posible lo que dice nuestro Plan Pastoral: hasta que Cristo se forme en nosotros (Gálatas 4,19), recordando que la meta es el encuentro con el amor con el que Cristo nos amó.

Es tiempo para escuchar a Dios como nos dice el Papa León XIV en su mensaje para la Cuaresma de este año: “Es un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad. Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta.[1].

  • El número cuarenta aparece ante todo en la historia de Noé. Este hombre justo, a causa del diluvio, pasa cuarenta días y cuarenta noches en el arca, junto a su familia y a los animales que Dios le había dicho que llevara consigo. Y espera otros cuarenta días, después del diluvio, antes de tocar la tierra firme, salvada de la destrucción (cf. Gn 7, 4.12; 8, 6).
  • Luego, la próxima etapa: Moisés permanece en el monte Sinaí, en presencia del Señor, cuarenta días y cuarenta noches, para recibir la Ley. En todo este tiempo ayuna (cf. Ex 24, 18).
  • Cuarenta son los años de viaje del pueblo judío desde Egipto hasta la Tierra prometida, tiempo apto para experimentar la fidelidad de Dios: «Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años… Tus vestidos no se han gastado ni se te han hinchado los pies durante estos cuarenta años», dice Moisés en el Deuteronomio al final de estos cuarenta años de emigración (Dt 8, 2.4).
  • Los años de paz de los que goza Israel bajo los Jueces son cuarenta (cf. Juec 3, 11.30), pero, transcurrido este tiempo, comienza el olvido de los dones de Dios y la vuelta al pecado.
  • El profeta Elías emplea cuarenta días para llegar al Horeb, el monte donde se encuentra con Dios (cf. 1 Re 19, 8).
  • Cuarenta son los días durante los cuales los ciudadanos de Nínive hacen penitencia para obtener el perdón de Dios (cf. Gn 3, 4).
  • Cuarenta son también los años de los reinos de Saúl (cf. Hch 13, 21), de David (cf. 2 Sm 5, 4-5) y de Salomón (1 Reyes 11, 41), los tres primeros reyes de Israel.
  • También los Salmos reflexionan sobre el significado bíblico de los cuarenta años, como por ejemplo el Salmo 95, del que hemos escuchado un pasaje: «Ojalá escuchéis hoy su voz: “No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto, cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras”. Durante cuarenta años aquella generación me asqueó, y dije: “Es un pueblo de corazón extraviado, que no reconoce mi camino”» (vv. 7c-10).

En el Nuevo Testamento:

  • Jesús, antes de iniciar su vida pública, se retira al desierto durante cuarenta días, sin comer ni beber (cf.Mt 4, 2): se alimenta de la Palabra de Dios, que usa como arma para vencer al diablo. Las tentaciones de Jesús evocan las que el pueblo judío afrontó en el desierto, pero que no supo vencer.
  • Cuarenta son los días durante los cuales Jesús resucitado instruye a los suyos, antes de ascender al cielo y enviar el Espíritu Santo (cf.Hch 1, 3).

El Papa León nos dice: “para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad.

Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios”[2]. Ayunemos no solo el alimento, hagamos abstinencia de todo lo que nos separe del amor de Dios y de los hermanos.

En la Liturgia

Cinco domingos que son un camino bautismal,

  • El de las Tentaciones que debemos vencer
  • El de la Transfiguración que nos enseña a escuchar al Señor
  • El de la Samaritana, Agua Viva.
  • El del Ciego curado, Jesús es nuestra luz.
  • El de la Resurrección de Lázaro, signo de nuestra propia vida nueva en Cristo.

Unas prácticas de fe:

  • La oración,
  • La penitencia,
  • El ayuno
  • La caridad.

Unas metas y unas tareas.

  • Es un tiempo de esperanza, porque Dios nos ofrece su amor misericordioso y nos invita a confiar en su perdón
  • Es un tiempo de silencio, para que pueda resonar su palabra salvadora en cada corazón.
  • Es un tiempo de caridad, para compartir con todos, para ser solidarios desde la fe, para dar amor y esperanza.
  • Es un tiempo de ayuno y abstinencia, que, más que dejar cosas, alimentos, es abrir el corazón a la fraternidad y aprender a dejar lo superfluo y a hacer una opción por la austeridad que enriquece el corazón.
  • Lectura orante de la Palabra de Dios, en este tiempo de gracia.
  • Fomento de los momentos de oración, dejando espacio para que Dios nos hable en el silencio.
  • Cada día nutrirlo con una obra de caridad, una de misericordia y un propósito de vida que nos ayude a crecer en la fe.
  • Buscar la reconciliación con Dios y con los hermanos.
  • Es una peregrinación que podemos vivir como camino de reencuentro con Dios.
  • Es un tiempo en el que debemos aprovechar la gracia de Dios para buscar el Sacramento de la Reconciliación.
  • Es un tiempo de encuentro con nuestra propia conciencia, con nuestra vida toda, para que sea el amor de Dios el que nos haga más fraternos, más conscientes de que lo nuestro es caminar en la unidad, es sentirnos Iglesia Peregrina que avanza en el tiempo poniendo su confianza en el Señor.
  • Es el tiempo en el que la Meditación de la Pasión nos recuerda la grandeza del amor que nos salvó.
  • Es el tiempo en el que la Madre de Jesús es modelo de piedad, paciencia, oración y fe.

[1] Papa León XIV- Mensaje para la Cuaresma 2026.

[2] Papa León XIV. Mensaje para la Cuaresma 2026.