Pbro. José Nicolás Holguín Lezcano. Delegado de la Pastoral Litúrgica
La celebración litúrgica constituye el corazón de la vida de la Iglesia y el fundamento permanente de su acción evangelizadora. En ella, Cristo continúa haciendo presente el misterio de su Pascua, congrega a su Pueblo, lo alimenta con la Palabra y los sacramentos y lo envía a anunciar el Evangelio. Por ello, la liturgia no puede entenderse como un conjunto de ritos aislados de la misión, sino como el lugar donde la Iglesia recibe la gracia para vivir aquello que anuncia. En consecuencia, la celebración y la evangelización son dimensiones inseparables de la única misión confiada por Cristo a su Iglesia.
La Sagrada Escritura presenta esta unidad de manera elocuente. En el relato de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35), el Señor resucitado explica las Escrituras, parte el pan y, a partir de ese encuentro, transforma el desaliento de los discípulos en ardor misionero. Quienes reconocen a Cristo en la fracción del pan regresan inmediatamente a Jerusalén para anunciar su resurrección. Del mismo modo, la primera comunidad cristiana persevera «en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones» (Hch 2,42), y precisamente esa vida litúrgica suscita un testimonio capaz de atraer nuevos creyentes (cf. Hch 2,42-47). Así, la misión confiada por Jesús (cf. Mt 28,19-20) encuentra en la celebración del misterio pascual su fuente permanente de renovación.
El Concilio Vaticano II sintetizó esta visión al afirmar que la liturgia es «la cumbre a la cual tiende la acción de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza» (SC10). Asimismo, enseña que los fieles han de ser conducidos a una participación «plena, consciente y activa» (SC14), pues solo quien participa verdaderamente del misterio pascual puede convertirse en testigo creíble del Evangelio.
Esta enseñanza fue desarrollada por el magisterio posterior. San Pablo VI recuerda que «evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda» (EN14). San Juan Pablo II recuerda que la celebración dominical de la Eucaristía edifica la comunidad cristiana y la fortalece para su compromiso evangelizador (DD 31-35). Benedicto XVI afirma que la liturgia es el ámbito privilegiado donde Dios continúa hablando a su pueblo mediante la Sagrada Escritura proclamada en la asamblea (VD 52).
El papa Francisco ha profundizado esta perspectiva al afirmar: «La Iglesia evangeliza y se evangeliza a sí misma con la belleza de la liturgia, la cual también es celebración de la actividad evangelizadora y fuente de un renovado impulso donativo» (EG24). En Desiderio Desideravi insiste en que la renovación de la vida eclesial pasa por una auténtica formación litúrgica del Pueblo de Dios. El redescubrimiento del asombro ante el misterio celebrado (cf. Dd 24-27) y la educación en el lenguaje simbólico de la liturgia (cf. Dd 34-41) favorecen una participación que transforma la existencia y fortalece el compromiso evangelizador.
En la Arquidiócesis de Santa Fe de Antioquia, estas enseñanzas pueden traducirse en acciones pastorales concretas que fortalezcan el dinamismo evangelizador de las comunidades. Es necesario consolidar procesos permanentes de formación litúrgica para sacerdotes, diáconos, seminaristas y agentes de pastoral; cuidar la preparación de la Eucaristía dominical mediante homilías profundamente bíblicas y mistagógicas, ministerios litúrgicos bien formados y una música verdaderamente al servicio de la acción sagrada; integrar la pastoral litúrgica con la catequesis, la pastoral familiar, la pastoral juvenil y la acción misionera; y acompañar la religiosidad popular —fiestas patronales, Semana Santa y peregrinaciones— para que conduzca a una participación más plena en la Eucaristía y en los demás sacramentos, convirtiéndose en un auténtico camino de evangelización.
En conclusión, la celebración litúrgica no concluye con la bendición final, sino que encuentra su plenitud en el envío misionero de la comunidad cristiana. El Ite, missa est expresa que quienes han participado del misterio pascual son enviados a anunciar con su vida aquello que han celebrado. Así, una Iglesia particular que celebra con fidelidad, belleza y profundidad el misterio de Cristo encontrará siempre en la liturgia la fuente de un renovado impulso evangelizador. Este desafío interpela hoy a la Arquidiócesis de Santa Fe de Antioquia a hacer de cada celebración un verdadero encuentro con el Señor resucitado que forme discípulos misioneros al servicio del Reino de Dios.
Bibliografía
- Sagrada Biblia.
- Concilio Vaticano II. Sacrosanctum Concilium (1963).
- Pablo VI. Evangelii Nuntiandi (1975).
- Juan Pablo II. Dies Domini (1998).
- Benedicto XVI. Verbum Domini (2010).
- Evangelii Gaudium (2013).
- Francisco. Desiderio Desideravi (2022).

