Por: Pbro. Yesid Érminson Salas Castrillón, Delegado Arzobispal para la Pastoral.
“…La familia, en la que nacen nuevos ciudadanos de la sociedad humana, quienes, por la gracia del Espíritu Santo, quedan constituidos en el bautismo hijos de Dios, que perpetuarán a través del tiempo el Pueblo de Dios. En esta especie de Iglesia doméstica los padres deben ser para sus hijos los primeros predicadores de la fe, mediante la palabra y el ejemplo, y deben fomentar la vocación propia de cada uno, pero con un cuidado especial la vocación sagrada…” ( LG 11).
En este tercer año del primer quinquenio de nuestro PEIP, dedicado, de manera especial, a la familia estamos todos llamados a caminar juntos de la mano de la Delegación de Pastoral familiar. A Dios gracias es una Delegación que ha venido fortaleciéndose; en sintonía con la regional Antioquia/Chocó viene implementando en la Arquidiócesis, con un equipo interdisciplinar, la preparación al sacramento del matrimonio según los parámetros pedidos por la Iglesia; además, nos va persuadiendo sobre la necesidad/utilidad pastoral de la creación de los centros de escucha (AL 242), que dadas las características sociales actuales (hiperconectados pero al mismo tiempo, paradójica y dramáticamente, solos y aislados), se han vuelto una necesidad pastoral sentida.
En este particular momento cultural, caracterizado por el sello de lo ambiguo que parece pretender volverlo todo LÍQUIDO, se nos vuelve un reto inaplazable, a todos en la Iglesia, centrar nuestros mejores esfuerzos pastorales en favorecer, de nuevo, el anuncio del Evangelio de la Familia.
Creemos que, con las acciones plasmadas en la programación de este año (ps. 16 y 20 cronograma 2026), podremos afrontar con éxito semejante desafío; aplicándonos con determinación y disciplina, conscientes de que debemos hacer verdaderos procesos de formación, estructuración y acompañamiento con niños, jóvenes, novios y con los matrimonios mismos (sean estos de hecho o bajo el Sacramento), que nos permitan, no solo anunciar, sino también reconstruir el modelo de familia según el Plan de Dios.
La relación Iglesia y familia es recíproca. Son espacios humanos que se implican, que se necesitan y que comparten identidad y misión, por ello CAMINAN JUNTAS:
- Ambas transmiten y cuidan la vida, que siempre es DON de Dios, tanto la física como
aquella de la gracia. - Ambas educan para vivir con dignidad, según el Plan de Dios
- Ambas están siempre al servicio de la persona humana, imagen y semejanza de Dios.
- Ambas son casa y escuela de comunión para la participación en la misión.
Este ejercicio de CAMINAR JUNTAS lo facilita la Iglesia cumpliendo, sin idealismos ni temores, con su aporte específico que consiste, bien lo sabemos todos, en ANUNCIAR CON ALEGRÍA Y ESPERANZA EL EVANGELIO DE LA FAMILIA; resulta entonces apremiante recuperar el valor del Sacramento del matrimonio que, según el Documento Final del Sínodo, “confiere una misión particular que concierne al mismo tiempo a la vida de la familia, a la edificación de la Iglesia y al compromiso en la sociedad” (DF 64).
El desafío es grande: lograr que “la familia, al igual que la Iglesia, sea un espacio donde el Evangelio es transmitido y desde donde éste se irradia… Una familia así se hace evangelizadora de otras familias y del ambiente en el que ella vive.” (EN 71). Asumamos pues, con renovada confianza y entusiasmo, la tarea evangelizadora a favor de la cultura de la vida y seamos, de manera especial durante este año, promotores y cultivadores de los valores de la familia, lugar de encuentro con Cristo, y comunidad transmisora de la vida y de la fe.

