Por: Virgelina Quiroz, (Catequista líder de San Juan Eudes de Urrao) y Gabriel Rivera, (Catequista de la parroquia de Sopetrán).
Reflexión sobre el lema: “El servicio a la vida, vocación natural de la familia” (Marzo y abril)
Numerales del 80 al 83 de la carta “Amoris Laetitia” del Papa francisco.
La familia, concebida como comunidad de vida y amor, posee la vocación natural de acoger, proteger, educar y servir a la vida desde su concepción hasta su fin natural. Esta misión implica no solo la transmisión biológica, sino el cuidado integral, la educación en valores y la construcción de una cultura del amor y la solidaridad, convirtiéndose en el primer lugar donde se descubre y potencia el servicio al prójimo.
SERVICIO A LA VIDA: Custodios de la Vida: La familia es el lugar privilegiado donde se gesta y cuida a cada nuevo ser humano. Esta vocación trasciende el aspecto biológico, convirtiéndose en una responsabilidad de crear un entorno seguro, afectuoso y digno para el crecimiento. Escuela de Amor y Valores: La fuerza de la familia radica en su capacidad de amar y enseñar a amar. Educar a los hijos no es solo transmitir conocimientos, sino prepararlos para la vida a través de la experiencia directa de la caridad y la entrega. Lugar de Descubrimiento Vocacional: La familia es el primer núcleo donde se despierta la vocación personal y de servicio a la comunidad. Es donde se descubren los dones personales y se educa en el servicio al prójimo, incluyendo el apoyo a las vocaciones consagradas. Respuesta a la «Cultura de la Muerte»: Frente a las tendencias actuales, la familia está llamada a colaborar en la construcción de una sociedad que valora la vida, promoviendo la acogida, el cuidado de los más vulnerables (niños, ancianos, enfermos) y la generosidad.
En resumen, el servicio a la vida es la forma natural en que la familia cumple su propósito divino y social, siendo la «cuna» donde se forma la vocación del amor y el servicio a la humanidad.
La familia en la Iglesia “La Iglesia y la familia se unen entre sí con múltiples vínculos profundos, que hacen de ésta una pequeña Iglesia, Iglesia doméstica, una imagen viva del misterio mismo de la Iglesia”. “La Madre Iglesia engendra, educa y edifica la familia cristiana con el anuncio de la Palabra de Dios, con la celebración de los sacramentos, con la proclamación constante del mandamiento nuevo del amor”. “La familia cristiana, por su parte, está de tal modo insertada en el misterio de la Iglesia que participa, a su manera, en la misión de salvación que es propia de ésta”. En efecto, los cónyuges y padres cristianos, en virtud del sacramento del matrimonio, no sólo reciben el amor de Cristo -haciéndose comunidad salvada, sino que están llamados a transmitir ese mismo amor de Cristo, haciéndose comunidad salvadora. Misión eclesial de la familia. La familia está llamada a participar en la misión de la Iglesia de una manera propia y original, según su propio ser y obrar: por tanto, en cuanto comunidad íntima de vida y de amor. Juntos, pues, los cónyuges en cuanto pareja, y padres e hijos en cuanto familia, han de vivir su servicio a la Iglesia y al mundo, siendo en la fe “un solo corazón y un alma sola” (Hch 4,32).
LAS TAREAS O COMETIDOS DE LA FAMILIA CRISTIANA
En el designio de Dios la familia no solo descubre su identidad como una “íntima comunidad de vida y amor”, sino también su misión, su cometido que es el de custodiar, revelar y comunicar el amor de Dios por la humanidad.
Bajo esta luz unitaria hay que ver las cuatro tareas de la familia cristiana en las que se expresa su misión y vocación: Bajo el prisma del amor. Y en ese sentido cada una de esas tareas no es, sino la explicación de ese designio de Dios sobre la familia, y que consiste en esta llamada al amor. Como dice Juan Pablo II en la Familiaris Consortio: Familia “Sé” lo que eres.
¿Cuáles son estas tareas?
* En primer lugar vivir, crecer, perfeccionarse hacia dentro como esposos, padres e hijos y de ahí sale el primer cometido: Formar una comunidad de personas.
*En segundo lugar crecer, perfeccionarse para servir a la vida, participando en el amor de Dios y en su poder de Creador, mediante la cooperación libre y responsable de la transmisión del don de la vida humana y educando a los hijos hasta la madurez.
*En tercer lugar esta experiencia de comunión, fuerza y cohesión vivida dentro de la familia debe proyectarse a la sociedad, siendo el motor del desarrollo de la misma.
*Y una cuarta tarea, no menos importante, consiste en la edificación del Reino de Cristo en la historia, mediante la participación en la vida y misión de la Iglesia.
Las dos primeras tareas o cometidos están encaminados a fortalecer y robustecer esa comunidad de personas, al servicio de la vida, que después se proyectará en el mundo exterior como primera célula de la sociedad y como Iglesia doméstica.

