Por: Mons. Jaime Uriel Sanabria Arias, Obispo de la Diócesis de Yopal

El rico Magisterio Misionero del papa Francisco es nutrido por su experiencia pastoral, su amor a la Iglesia, y es fruto de grandes Sínodos. Destaquemos 11 claves misioneras que comienzan por “M” de Misión.

  1. MISIONARIEDAD

La Iglesia y los cristianos somos misioneros por naturaleza, no como un aspecto secundario de la vida cristiana, sino como un aspecto esencial (AG 37). El Papa propone:

  • Impulsar la dimensión misionera. (Domund 2013).
  • Valorar nuevas experiencias misioneras de personas, grupos, e iglesias jóvenes, con presencia de la mujer y de la familia (Domund 2016). Tenemos que saber que los jóvenes son esperanza de la misión. (Domund 2017); que la vida consagrada lleva impresa en su alma la dimensión misionera. (Domund 2015); que las comunidades contemplativas guardan un vínculo íntimo con la misión. (Domund 2015); que los misioneros fidei donum acogen la llamada del Señor, dejan su patria para servir al Evangelio en tierras y culturas diferentes de las suyas.
  1. MARCHA

La historia de salvación se ha vivido en dinamismo de salida (cf. Gn 12,1-3). Una Iglesia autorreferencial, que se complace en éxitos terrenos, no es la Iglesia de Cristo, no es su cuerpo crucificado y glorioso. Debemos preferir “una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (EG 49). La misión de la Iglesia está animada por una espiritualidad de éxodo continuo. (Domund 2017)

  1. MÁGICA

La misión produce la magia de la alegría en los misionados y en los misioneros y proviene de varias fuentes:

  • De recibir y compartir el amor trinitario que libera. El Padre es la fuente de la alegría. El Hijo es su manifestación, y el Espíritu Santo, el animador… (E.G. 1).
  • De la proclamación del Reino. La alegría del Evangelio nace del encuentro con Cristo y del compartir con los pobres. (Domund 2014)
  • Brota de la entrega humilde y generosa. Los “pequeños” son los humildes, los sencillos, los pobres, los marginados, los sin voz, los que están cansados y oprimidos, a los que Jesús ha llamado “benditos”.
  1. MISTERIOSA

El mandato misionero es un acto misterioso por tres razones:

  • Porque la misión es acción del Resucitado. La falta de espiritualidad profunda que se traduce en el pesimismo, el fatalismo, la desconfianza y con esa actitud se vuelve imposible ser misioneros. Jesucristo verdaderamente vive (1 Co 15,14).
  • Porque la misión es acción del Espíritu Santo. Para mantener vivo el ardor misionero hace falta una decidida confianza en el Espíritu Santo, porque El “viene en ayuda de nuestra debilidad” (Rm 8,26). ¡Esto se llama ser misteriosamente fecundos!
  • Porque tenemos un tesoro de vida y de amor que es lo que no puede engañar, el mensaje que no puede manipular ni desilusionar. Una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie.
  1. MANCOMUNADA

En la obra misionera se juntan muchas manos.

  • La misión es un acto eclesial. No se puede anunciar a Cristo sin la Iglesia. Evangelizar nunca es un acto aislado, individual, privado, sino que es siempre eclesial. Y esto da fuerza a la misión y hace sentir a cada misionero y evangelizador que nunca está solo, que forma parte de un solo Cuerpo animado por el Espíritu Santo. (Domund 2013)
  • La misión requiere organización. Por eso el papa llama la atención a la Iglesia Local, a los obispos, como principales responsables del anuncio, tienen la tarea de promover la unidad de la Iglesia local en el compromiso misionero… (Domund, 2014). También alienta a los Institutos misioneros que hacen el discernimiento de las vocaciones misioneras auténticas. (Domund 2015)
  1. MÍSTICA.

Se necesita una espiritualidad que sostenga al misionero, que viva un intenso espíritu contemplativo. La fe es un don precioso de Dios… pero si queremos guardarlo sólo para nosotros mismos. (Domund 2013). La misión requiere mística, y debemos alimentarla:

  • Ante la tentación de mutilación se necesita honda espiritualidad. Sin momentos detenidos de adoración, de encuentro orante con la Palabra, de diálogo sincero con el Señor, las tareas fácilmente se vacían de sentido, nos debilitamos por el cansancio y las dificultades, y el fervor se apaga.
  • Experimentar el amor de Jesús. La mejor motivación para decidirse a comunicar el Evangelio es contemplarlo con amor, es detenerse en sus páginas y leerlo con el corazón.
  • Yo soy una misión. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar. Allí aparece la enfermera de alma, el docente de alma, el político de alma, esos que han decidido a fondo ser con los demás y para los demás.
  • Fuerza misionera de la intercesión. Es la fecundidad espiritual (Cfr Flp 1,4.7). Interceder no nos aparta de la verdadera contemplación, porque la contemplación que deja fuera a los demás es un engaño.
  1. MAESTRO

Tenemos al gran Maestro de Misión; nos da estas lecciones:

  • Cercanía y ternura. ¡Qué bien nos hace mirarlo cercano a todos! Si hablaba con alguien, miraba sus ojos con una profunda atención amorosa (Mc 10,21). Lo vemos accesible cuando se acerca al ciego del camino (cf. Mc 10,46-52) y cuando come y bebe con los pecadores (Mc 2,16), sin importarle que lo traten de comilón y borracho (Mt 11,19). Lo vemos disponible cuando deja que una mujer prostituta unja sus pies (Lc 7,36-50) o cuando recibe de noche a Nicodemo (Jn 3,1-15).
  • Busca la gloria del Padre. Más allá de que nos convenga o no, nos interese o no, nos sirva o no, más allá de los límites pequeños de nuestros deseos, nuestra comprensión y nuestras motivaciones, evangelizamos para la mayor gloria del Padre que nos ama.
  1. MISERIAS

Todo acto misionero debe responder a las necesidades más profundas de los hermanos:

  • Miserias humanas. A veces sentimos la tentación de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor. Pero Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás.
  • Ante la miseria, dulzura (1 Pe 3,16). Queda claro que Jesucristo no nos quiere príncipes que miran despectivamente, sino hombres y mujeres de pueblo.
  • Amor por el prójimo. Sólo puede ser misionero alguien que se sienta bien buscando el bien de los demás, deseando la felicidad de los otros… Uno no vive mejor si escapa de los demás, si se esconde, si se niega a compartir, si se resiste a dar, si se encierra en la comodidad. Eso no es más que un lento suicidio.
  1. MUTILACIONES

La acción misionera puede sufrir mutilaciones venidas de dos polos:

  • No sirven ni las propuestas místicas sin un fuerte compromiso social y misionero, ni los discursos y praxis sociales o pastorales sin una espiritualidad que transforme el corazón.
  • Estilo de vida. “Se debe rechazar la tentación de una espiritualidad oculta e individualista, que poco tiene que ver con las exigencias de la caridad y con la lógica de la Encarnación”.
  1. MIMETISMO

El misionero debe tener capacidad de asemejarse a los seres de su entorno cultivándose en:

  • El gusto espiritual de ser pueblo. Hace falta desarrollar el gusto espiritual de estar cerca de la vida de la gente… La misión es una pasión por Jesús, pero al mismo tiempo, una pasión por su pueblo. Necesitamos reconocer que cada persona es digna de nuestra entrega. (Domund, 2014).
  • Inculturación. Hoy, la misión se enfrenta al reto de respetar la necesidad de todos los pueblos de partir de sus propias raíces y de salvaguardar los valores de las respectivas culturas. (Domund 2015).
  1. MATERNIDAD

Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo siempre está María.

  • Por ella llega el regalo de Jesucristo a su pueblo (Jn 19,26-27). Al pie de la cruz, en la hora suprema de la nueva creación, Cristo nos lleva a María porque no quiere que caminemos sin una madre. Al Señor no le agrada que falte a su Iglesia el icono femenino.
  • María, madre del pueblo de Dios. Ella, que lo engendró con tanta fe, también acompaña “al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús” (Ap 12,17).
  • María, modelo de misionera. Como una verdadera madre, ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios. Como a san Juan Diego, dice a los misioneros al oído: “No se turbe tu corazón ¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?”
  • María, la Estrella de la nueva evangelización. Ella es la mujer de fe, que vive y camina en la fe, y “su excepcional peregrinación de la fe representa un punto de referencia constante para la Iglesia”.
  • Estilo Mariano. Cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes.