Por: Mons. Orlando Antonio Corrales García, Arzobispo Emérito de Santa Fe de Antioquia 

Hace apenas dos días celebramos la Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María. Por esto he considerado oportuno reflexionar sobre este dogma de nuestra fe.

El Papa Pío XII definió como verdad de Fe que la Santísima Virgen María fue llevada al cielo en cuerpo y alma en 1950, por medio de la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus.

Allí el Papa se apoya en los santos Padres y grandes doctores de la Iglesia y afirma que «lo que se conmemora en esta festividad es no sólo el hecho de que el cuerpo sin vida de la Virgen María no estuvo sujeto a la corrupción, sino también su triunfo sobre la muerte y su glorificación en el cielo, a imitación de su Hijo único Jesucristo».

Después de citar a varios Santos que escribieron sobre las Asunción, el Papa Pío XII concluye con estas palabras: «Por todo ello, la augusta Madre de Dios, unida a Jesucristo de modo arcano, desde toda la eternidad, por un mismo y único decreto de predestinación, inmaculada en su concepción, virgen integerrima en su divina maternidad, asociada generosamente a la obra del divino Redentor, que obtuvo un pleno triunfo sobre el pecado y sus consecuencias, alcanzó finalmente, como suprema coronación de todos sus privilegios, el ser preservada inmune de la corrupción del sepulcro y, a imitación de su Hijo, vencida la muerte, ser llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial, para resplandecer allí como reina a la derecha de su Hijo, el rey inmortal de los siglos».

Consideré oportuno iniciar con las palabras del Papa Pío XII, porque explica muy bien esta verdad de Fe. Notemos que hace alusión varias veces a la estrecha relación de la Santísima Virgen María con su Hijo Jesucristo, porque de allí provienen todos sus privilegios y gracias que el Padre le concedió. Esto nos enseña que no podemos separar a María de Jesús, que siempre la debemos contemplar en esa relación única con nuestro Salvador y Redentor. 

La Asunción de la Santísima Virgen María alienta nuestra esperanza, ya que Ella, como un miembro eminente de la Iglesia, ya participa de la gloria de su Hijo, que es Cabeza de la Iglesia y nosotros, miembros de este Cuerpo Místico, también estamos llamados a participar de la gloria de nuestro Salvador, como nos enseña la Iglesia, especialmente en la Solemnidad de la Ascensión del Señor al cielo: allí donde ya está nuestra Cabeza, Cristo y su Santísima Madre, estamos llamados también nosotros. Por muchas que sean las vicisitudes de esta vida terrena, como las que están viviendo tantos hermanos nuestros, como consecuencia del terrible terremoto del lunes 10 de Agosto, la meta final de nuestra vida es la Casa del Padre, porque Jesús quiere que allí donde El está, estemos también nosotros (Cfr. San Juan 14, 3).

Al final de la cita del Papa Pío XII, hace referencia a María Reina, fiesta que tendremos el próximo sábado 22 de Agosto, según el Calendario Litúrgico. Tanto en referencia a Cristo Rey como a María Reina, hemos de entender su reinado no al modo terreno y mundano, sino de un modo totalmente espiritual, como un reinado de servicio y entrega a todos nosotros sus hijos.

Que esta Solemnidad afiance nuestra esperanza y nos estimule a vivir el amor que nunca pasa.