Por: Mons. Hugo A. Torres Marín. Arzobispo de Santa Fe de Antioquia.
«El verdadero progreso nace siempre de un corazón abierto al otro, de una inteligencia dispuesta a escuchar, de una voluntad que busca lo que une más que lo que separa.»
(León XIV, Magnifica Humanitas, n. 15)
Finaliza el mes de junio con la solemnidad de San Pedro y San Pablo, la fiesta del Primado, el día del Papa, oportunidad única para recordar lo ocurrido en Cesarea de Filipos. Ante la confesión de Simón “Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (Mt.16,16), Jesús le responde constituyéndolo principio de unidad, de verdad y de comunión para la iglesia que nacería de su ministerio (Mt 16,18), luego ratificaría esa decisión con el triple mandato “apacienta mis ovejas…” (Jn 21,15-17). Esta verdad de fe ha sido ratificada con la autoridad suprema de enseñar, gobernar y santificar de León XIV sucesor legítimo de Pedro, a quien ofrecemos nuestra adhesión de fe, entendimiento y obediencia a su magisterio.
La adhesión al Papa León XIV como sucesor de Pedro significa acoger en él la voz del Buen Pastor que sigue guiando a su grey a través de los signos de los tiempos. Entre esos signos de nuestro tiempo, la “mutación epocal” es sin lugar a dudas el más significativo y demandante, todo cambia en horas, días y meses. El motor del cambio es la revolución tecnológica (inteligencia artificial), que trae como consecuencia la reconfiguración de las relaciones humanas, el trabajo, los negocios, la guerra, la política y la misma comprensión de la persona y la sociedad. Estas realidades advenientes exigen estar a tono con la tarea que ha emprendido el Pontífice de iluminar desde el Evangelio y la DSI el impacto de la era digital en el tiempo presente y sus desafíos para la misma Iglesia.
Ofrecer el entendimiento al Magisterio del Papa exige asimilar las categorías doctrinales de su pensamiento teológico y alinear la propia mente con las directrices de la iglesia. No basta asentir pasivamente a sus enseñanzas, ni repetirlas sin la necesaria interiorización, es necesario comprenderlas encontrando los criterios, principios y orientaciones para discernir, pensar y actuar sobre los cambiantes fenómenos socio religiosos del momento histórico.
Entre las categorías fundamentales que León XIV propone en su encíclica y que debemos asimilar, se pueden resaltar: – La dignidad ontológica de la persona humana que tiene su fundamento teológico en haber sido creada a imagen y semejanza de Dios, llamada a vivir en relación y comunión. – El discernimiento evangélico ante el paradigma tecnocrático, el pontífice defiende la dignidad ontológica de la persona arraigada en la Encarnación, el valor sagrado del trabajo y la urgencia de una justicia que proteja la libertad ante el poder de los algoritmos y los datos. La continuidad del magisterio social como hilo conductor, ante la mutación epocal, las «res novae» de nuestro tiempo, el imperativo de la era digital, es urgente volver a la DSI con responsabilidad, actualidad y creatividad en su aplicación.
Obedecer al Papa y asimilar su pensamiento teológico – pastoral no anula el propio juicio, ni niega la responsabilidad del creyente, del grupo apostólico o la iglesia particular. Es una obediencia que edifica, que no paraliza, que se abre a lo nuevo, que escucha, que busca “lo que une más que lo que separa”, que hace asequibles las enseñanzas pontificias al pueblo de Dios y las traduce en acciones pastorales concretas, capaces de “edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos”(MH 1).
Renovemos nuestro acto de fe eclesial en el Primado de Pedro, reconozcamos en la persona del Papa León XIV el principio de unidad de todas las iglesias y asimilemos las categorías de su pensamiento encarnándolas en nuestras realidades sociales a través de acciones pastorales que con el apoyo de la IA, “protejan la dignidad de cada persona, promuevan la justicia social, hagan posible la fraternidad” y conduzcan la humanidad a la plenitud en Cristo.

