Por: Mons. Héctor Fabio Henao. Delegado de los Obispos para las relaciones Iglesia – Estado.
Desde la Delegación para las Relaciones Iglesia-Estado hacemos un cuidadoso seguimiento al proceso electoral actual con la conciencia de que es decisivo para la vida de nuestra nación. Hoy se pone a prueba no solamente la capacidad de elegir gobernantes, sino también la madurez ética, espiritual y democrática de nuestro pueblo. Seguimos insistiendo en que los principios que vienen del Evangelio y de la presencia del Resucitado deben entrar en diálogo con la cultura política actual, con la capacidad social y política de debatir sin eliminar al adversario o al que piensa diferente. Los valores del Evangelio deben ser puestos en diálogo con una sociedad dominada por el miedo, los conflictos violentos y la polarización política
Hoy vivimos en Colombia una época marcada por profundas tensiones sociales, agresividad verbal e incluso amenazas y atentados contra la vida, manipulación informativa y creciente desconfianza institucional. En medio de ese panorama, la Iglesia está llamada a ofrecer una palabra serena, profética y esperanzadora, una palabra que recupere la cultura del encuentro y del diálogo como nos dice Fratelli Tutti. Nuestra misión no es intervenir partidistamente, sino iluminar las conciencias desde el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia. Así ha venido insistiendo la Conferencia Episcopal y en consecuencia ha dado pasos importantes al adherir a la estrategia de paz electoral de la Procuraduría General de la Nación y al promover activamente el «Compromiso por un proceso libre y en paz» junto a la Defensoría del Pueblo y otras entidades
En su mensaje a los participantes en la sesión plenaria de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, celebrada del 14 al 16 de abril de 2026, el Papa León XIV ofreció una reflexión particularmente significativa para el momento histórico que viven muchas democracias como la nuestra: “la doctrina social católica considera el poder no como un fin en sí mismo, sino como un medio orientado al bien común”.
Esta afirmación tiene una enorme profundidad moral que podemos aplicar en nuestro contexto actual. En la sociedad contemporánea con frecuencia la política termina reducida a la lucha por el control, el prestigio o la imposición ideológica, frente a ello la Iglesia recuerda que la autoridad política debe estar al servicio de la dignidad humana y de la construcción de una sociedad más justa y fraterna.
El Santo Padre en Camerún advirtió sobre un fenómeno creciente en el mundo de la política: “La inteligencia artificial puede fomentar la polarización, los conflictos, los miedos y la violencia”. Esta reflexión resulta particularmente actual cuando en nuestro país las redes sociales y las campañas de desinformación pueden manipular emociones colectivas, exacerbar los odios y debilitar la verdad.
Igualmente el Papa León XIV recordó que “la democracia permanece sana solamente cuando está arraigada en la ley moral y en una verdadera visión de la persona humana”. De lo contrario —advierte— puede convertirse en “una tiranía de las mayorías o en una máscara para el dominio de las élites económicas y tecnológicas”.
Estas palabras interpelan profundamente nuestra realidad latinoamericana y colombiana. Una democracia no se sostiene únicamente por procedimientos electorales. Necesita fundamentos éticos, respeto por la verdad, sentido de justicia y capacidad de reconocer la dignidad del otro, incluso cuando piensa distinto. Cuando desaparecen esos principios, el adversario político termina siendo visto como enemigo, y la violencia verbal o simbólica termina abriendo espacio a formas más peligrosas de agresión social.
Frente a ello, nuestra misión como creyentes en esta coyuntura electoral no puede ser la indiferencia. Los católicos, como ha dicho la Conferencia Episcopal, están llamados a participar libres de coacciones y responsablemente en la vida pública, discerniendo con conciencia, informándose seriamente y promoviendo el bien común. Votar es el ejercicio de una responsabilidad moral.
La Doctrina Social de la Iglesia ha insistido siempre en que la política puede ser una verdadera vocación de servicio. Así lo recordaba también el Papa Francisco cuando afirmaba que “la buena política es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común”. Esa visión exige superar el fanatismo, el odio ideológico y la tentación de absolutizar proyectos humanos o liderazgos particulares.
En este contexto, las parroquias y movimientos apostólicos tienen una tarea fundamental: formar ciudadanos con conciencia ética y sentido crítico. Nuestras parroquias, movimientos, comunidades y espacios pastorales deben ayudar a cultivar valores democráticos inspirados en el Evangelio: la escucha, el diálogo, el respeto, la búsqueda de la verdad, la solidaridad y la reconciliación.
Especialmente importante resulta hoy el llamado a la prudencia y responsabilidad en el uso de las redes sociales, así lo hemos afirmado en el pacto por unas elecciones libres y en paz que promovemos con la Defensoría del Pueblo. Muchos ambientes digitales se han convertido en espacios de insulto, manipulación y destrucción moral del otro. Un cristiano no puede convertirse en propagador de odio, calumnia o noticias falsas. La verdad y la caridad también deben expresarse en la comunicación pública.
En tiempos electorales, la Iglesia está llamada a ser puente y no barricada; espacio de encuentro y no de confrontación ideológica. Su voz debe animar a la serenidad, al discernimiento y a la esperanza. Nuestro país necesita menos agresividad y más escucha; menos polarización y más sentido de nación; menos intereses particulares y más preocupación por los pobres, los jóvenes, las víctimas y las regiones olvidadas.
El desafío es profundamente espiritual y cultural. » La democracia tiene inherente un gran e indudable valor: el de estar «juntos», el de que el ejercicio del gobierno tenga lugar en el contexto de una comunidad que se confronta libre y secularmente en el arte del bien común, que no es sino un nombre diferente de lo que llamamos política» Papa Francisco, clausura de la 50ª Semana Social de los Católicos en Italia, 2024
Que María, Reina de la Paz, acompañe a Colombia en este momento histórico. Y que los creyentes podamos contribuir, desde la fe y la responsabilidad ciudadana, a construir una democracia más humana, más ética y más fraterna.

