EL AGUA ELEMENTO ABSOLUTAMENTE ESENCIAL E IMPRESCINDIBLE PARA HACER DEL OCCIDENTE ANTIOQUEÑO, NO UN DESIERTO SINO UN PARAÍSO.
Por: Mons. Ignacio Gómez Aristizábal
La Arquidiócesis de Santa Fe de Antioquia, a la cual tuve el honor y la alegría de servir, por designios inescrutables de la Divina Providencia desde el año 1992 hasta el 2007, sigue y seguirá teniendo un puesto central en mi corazón sacerdotal. Nunca podré olvidar la fe profunda en Cristo, en María Santísima y en la Iglesia, que caracteriza a un grueso volumen de la población del querido Occidente antioqueño, la amabilidad de sus gentes y el esfuerzo inquebrantable en la lucha por lograr un desarrollo integral de las personas, familias y comunidades.
Unido a la acción pastoral del muy querido Señor Arzobispo Hugo Torres Marín, del amable clero y de los inolvidables laicos, que trabajan incansablemente por el desarrollo integral del Occidente antioqueño, quiero invitarlos hoy a intensificar los esfuerzos para proteger y promover los caudales de agua y hacer así del Occidente antioqueño un paraíso y no un desierto.
El Occidente antioqueño puede estar caminando hoy hacia una situación desértica, por dos factores de carácter local y uno de carácter mundial. De carácter local, la consabida intensa extracción minera, que se ha generalizado en la región, y la deforestación que reduce la producción de agua, elemento vital para la supervivencia de todo tipo de vida, deforestación que se está produciendo en algunos lugares de nuestra región. De carácter mundial, el tan comentado cambio climático, que se caracteriza, como es sabido, por épocas de intensas lluvias y largos veranos, en los que se intensificaría la penuria por la escasez del precioso líquido en la región.
Sensibilidad de la Santa Sede por el agua.
El llamado angustioso del Papa Francisco en su Carta Encíclica Laudato Sí (mayo de 2015), que nos habla de la solicitud especial por el agua, en el N° 29 nos dice: “Un problema particularmente serio es el de la calidad del agua disponible para los pobres, que provoca muchas muertes todos los días. Entre los pobres son frecuentes las enfermedades relacionadas con el agua, incluidas las causadas por microorganismos y por sustancias químicas. La diarrea y el cólera que se relacionan con servicios higiénicos y provisión de agua inadecuados, son un factor significativo de sufrimiento, de mortalidad infantil”; y en N° 30: “El acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas y, por lo tanto, es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos. Este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable. Esa deuda se salda en parte con más aportes económicos para proveer de agua limpia y saneamiento a los pueblos más pobres”.
Por otra parte, en la Curia Romana el Papa tiene una organización denominada “Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral”, que ha entregado al mundo un importantísimo documento denominado El agua fuente de vida (20 de marzo de 2020). De esa entrega luminosísima y actual, tomamos las siguientes expresiones: N° 29: “El agua es vital para todas las formas de vida”. N° 15b: “El agua incide en la posibilidad de que toda la familia humana pueda lograr el bien común y los objetivos de desarrollo del bien común”. “El agua parece ser uno de los elementos que impactan con más fuerza el desarrollo integral humano”. “Asegurar la disponibilidad del agua para todos, considerada como un bien primario”. N° 15: “La Iglesia expresa su preocupación por el lento progreso con respecto a la realización del derecho humano universal al agua potable y al saneamiento”.
Mirando la realidad local:
Mirando al Departamento de Antioquia hay que decir que, según una publicación aparecida en el periódico El Colombiano (21 de junio de 2020), solo una de cada tres casas rurales tiene agua potable; y en el occidente antioqueño, sumando las casas residenciales de las zonas urbanas y rurales, tienen agua potable el 46,7%, lo cual quiere decir que aproximadamente el 54% de los hogares no tienen servicio de agua potable en nuestra región.
Reconocimiento:
Expreso alegría al constatar que varias instituciones están mirando con mucho interés la zona rural donde hay un buen número de esfuerzos locales por tener sus acueductos veredales y multiveredales en las mejores condiciones, y su gran deseo de que, un día no lejano, toda la región pueda gozar del servicio del agua pura y potable para todos.
Sugerencia respetuosa en el campo operativo:
La Asociación de Municipios de Occidente (AMO) podría comprometerse en el occidente antioqueño, de liderar un camino en tres áreas, y en forma simultánea o sucesiva de:
1° Dotación de agua potable para todos los hogares que carecen de este imprescindible servicio.
2° Un estudio que permita reconocer qué factores están contribuyendo a la disminución de los caudales de agua y sus posibles correctivos.
3° Qué medidas deben tomarse para el incremento y mejoría del agua en la región.
Posibles acciones:
1° A escala municipal, reunirse el señor alcalde o su delegado con los presidentes de las juntas de acción comunal del municipio, para analizar desde las bases la problemática del agua, la manera de diseñar proyectos y precisar sus costos, así como la financiación; mirar el aporte local posible y si hay que pedir la ayuda del Departamento, de la Nación e inclusive de instituciones internacionales privadas o públicas.
2° Para efectos de pedir la ayuda del Departamento, la Nación e internacionales, es importante articular los proyectos de los diferentes municipios; y como resulta obvio, el respaldo de la Asociación de Municipios da a la solicitud una fuerza superior que la que tiene cada municipio en su individualidad.
Respecto a las tareas señaladas en los números 2° y 3°, pedimos y señalamos que AMOCCIDENTE se haga cargo de la situación de las aguas en el presente y futuro, tarea de la que posiblemente nadie se hará cargo sin estar mirando algún tipo de interés. Aquí señalamos que es muy de desear que haya agua sobrante en los distintos acueductos, para la irrigación de la agricultura y no generar problemas entre socios y vecinos.
Como hombres de fe, confiamos en que las administraciones municipales puedan acoger este llamado apremiante y, como lo hemos venido haciendo desde hace tantos años, por medio de la evangelización de las realidades sociales, manifestamos nuestra responsabilidad de colaboración y favorecimiento a la institucionalidad en la región.
AGUA ABUNDANTE ES VITAL PARA ALIMENTAR TODAS LAS FORMAS DE VIDA Y POR TANTO PARA HACER DEL OCCIDENTE ANTIOQUEÑO, UN PARAÍSO Y NO UN DESIERTO.

