Por: Mons. Orlando Antonio Corrales García
Arzobispo Emérito de Santa Fe de Antioquia


El miércoles 18 de Febrero iniciamos la Cuaresma de este año con el Miércoles de Ceniza. En la liturgia de este día se proclama el Evangelio de San Mateo 6, 1-6.16-18, en que Jesús llama de manera apremiante a practicar la limosna, la oración y el ayuno, con una recta intención, es decir buscando solamente agradar a Dios y no a los demás ni a sí mismo, con una actitud de orgullo y vanidad. Aunque es un texto muy conocido por todos nosotros y hasta nos lo sabemos de memoria, conviene detenerse, reflexionar y ante todo confrontarse y mirarse en esas profundas palabras de Jesús, para preguntarse cada uno cuál es la actitud con que vivimos esas prácticas penitenciales, tan tradicionales en la Iglesia y particularmente en el tiempo de Cuaresma.


Inspirado en las sabias palabras del Maestro le he dado a esta reflexión este nombre: La Cuaresma: una llamada a la Interioridad, pues ésta es la invitación que Jesús nos hace, pues nos conoce muy bien y sabe que muchas veces nos atrae más la exterioridad y la apariencia. La liturgia de los días previos a la Cuaresma nos ha preparado para esta invitación de Jesús, ya que El mismo nos ha dicho que es del corazón, como el núcleo más íntimo de la persona, de donde sale el bien pero también puede salir el mal, que es lo que hace impura a la persona (Cfr. San Marcos 7, 14-23, proclamado el miércoles 11 de Febrero).


De estas prácticas voy a tomar el ayuno, pues desde el Antiguo Testamento se habla del verdadero ayuno que agrada a Dios, pues no se reduce sólo a abstenerse de alimentos sino que se practica con la misericordia con el prójimo. Así lo dice con toda claridad y fuerza el Profeta Isaías: «No será éste el ayuno que yo elija?: deshacer los nudos de la maldad, soltar las coyundas del yugo, dejar libres a los maltratados y arrancar todo yugo. No será partir al hambriento tu pan, y a los pobres sin hogar recibir en casa? Que cuando veas a un desnudo lo cubras y de tu semejante no te apartes? (58, 6-7).


Providencialmente ya tenemos disponible el Mensaje del Papa León XIV para la Cuaresma 2026 y nos habla del ayuno: «La abstinencia de alimento es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión». (Ayunar). Más adelante escribe el Papa: «Para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad» (Ibid).


Se refiere el Papa muy oportunamente a otras formas de privación, puesto que ayunar no es sólo abstenerse de alimentos y nos propone abstenernos de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo.


Vale la pena citar las palabras del Papa en su Mensaje: «Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz» (Ibid).


Finalmente, aprovechemos esta gracia que el Señor nos da, puesto que tendremos este Kairos de vivir una Cuaresma más en nuestra vida y por tanto, no caigamos en la rutina que continuamente nos acecha, ni tampoco pensemos – es una tentación permanente – que tal o cual aspecto le caería muy bien a tal o cual persona. Que escuchemos atentamente la voz del Señor y no endurezcamos nuestro corazón.


Nuestra Madre la Santísima Virgen María nos acompañe en este camino cuaresmal, para que nos unamos más al Señor y se fortalezca nuestra caridad.