Por: Pbro. Arbey Alonso Arenas Urrego. Rector.

Al inicio de este año académico 2026, nuestro Seminario Mayor “Santo Tomás de Aquino” de la provincia eclesiástica de Santa Fe de Antioquia abre nuevamente sus puertas con la convicción firme de que es el Señor quien sigue acompañando esta magna obra, y de que la identidad y la tarea formativa de esta institución continúan haciéndose patentes en sus acciones.

Como ya muchos saben, en la entrada principal de esta casa de formación se encuentra la bella frase: «Aquí se forma el sacerdote para el mundo entero»; expresión que no es simplemente un elemento decorativo ni un eslogan institucional, sino uno de los criterios que, a lo largo de su historia, han orientado su proyecto educativo y pastoral.

Prueba de ello es el gran número de presbíteros que se han formado en esta casa, muchos de los cuales hoy ejercen su ministerio en parroquias, instituciones, obras sociales y misiones, dentro y fuera del territorio nacional.

En esta etapa actual, y en coherencia con este criterio formativo, se presenta como novedad significativa la llegada de los seminaristas de la Diócesis de Istmina-Tadó y la continuidad de los seminaristas de la Diócesis de Apartadó; hecho que genera una gran expectativa y pone de relieve una realidad eclesial concreta: la necesidad de una formación sacerdotal que no puede pensarse desde el aislamiento diocesano, sino desde la comunión, la corresponsabilidad y la apertura misionera.

Este seminario, desde su fundación en 1830 —el primero en territorio antioqueño y chocoano—, con todos sus aciertos y dificultades, ha acompañado a lo largo de su historia a generaciones de jóvenes en el discernimiento y la configuración de su vocación sacerdotal, respondiendo a las necesidades pastorales de la Iglesia universal y particular. En este proceso han sido numerosos los desafíos, y el seminario, como toda institución formativa, ha debido revisarse, actualizarse y fortalecerse en todas sus dimensiones.

En el contexto actual, la integración de los seminaristas de Santa Fe de Antioquia, Apartadó e Istmina-Tadó representa mucho más que un aumento en el número de estudiantes. Es un ejercicio real de integración cultural, de enriquecimiento pastoral, de comunión efectiva y de fortalecimiento de la fraternidad sacerdotal de nuestros presbiterios. Esta situación plantea, al mismo tiempo, retos concretos: la convivencia en la diversidad, la unificación de criterios formativos y la convicción de que la comunión no se improvisa, sino que se construye con paciencia y responsabilidad.

Nuestro ideal y propósito es que los seminaristas encuentren un espacio serio de formación, exigente y, al mismo tiempo, humano y cercano, donde puedan crecer no solo en conocimientos filosóficos y teológicos, sino, sobre todo, en madurez humana y sentido eclesial.

Que la frase que identifica nuestra puerta principal y fundamenta nuestra misión formativa siga siendo, en esta etapa de integración, uno de los principios que acompañen el discernimiento vocacional. Que este formarse «para el mundo entero» implique una educación en la apertura, una nueva sensibilidad pastoral y una clara disponibilidad para servir allí donde la Iglesia nos necesite. Sabemos que no nos formamos para ser funcionarios, sino pastores con espíritu fraterno y misionero, capaces de leer los signos de los tiempos y de acompañar al Pueblo de Dios con cercanía y coherencia de vida.

Somos conscientes de la responsabilidad histórica y eclesial que implica este nuevo ciclo. La alegría es evidente y la expectativa es aún mayor. Nos confiamos a sus oraciones, en especial a las de todos los fieles de estas tres diócesis hermanas de la provincia eclesiástica de Santa Fe de Antioquia.

Que esta sea una oportunidad para seguir estrechando los lazos de fraternidad y comunión entre nosotros, y para que esta casa de formación continúe preparando sacerdotes con raíces firmes, ancladas en su propia cultura, pero con un horizonte amplio, al servicio de la Iglesia particular y del «mundo entero».